
Érase una vez unas princesas y unos dragones que salieron juntos al campo. Era un fin de semana muy bueno, hacía sol, no había nubes, y todo apuntaba a que lo pasarían fenomenal. Y así fue, de no haber sido por lo que ocurrió por la noche. Y es que cuando cayó el sol comenzó a caer también sobre ellos el mayor frío que nunca ocurrió en la zona. Los pies se les congelaban, las palabras se entrecortaban por el vaho que salía de sus bocas. Las manos se entorpecían al querer recoger cualquier alimento u objeto. Pero este frío también hizo algo maravilloso: que las princesas y los dragones se pusieran de acuerdo para combatir el frío. Se metieron juntos en las mismas tiendas, cerca los unos de los otros, dándose calorcito. Y eso que los dragones estaban sucios y las princesitas eran... eso, unas princesitas. Se quejaron del frío, del cansancio, del peso que llevaban en sus mochilas, porque claro, ellas llevaban sus cositas y eso...
Gracias que al día siguiente, bajando de esa terrible montaña, pudieron disfrutar de los más bellos paisajes, del aire más puro jamás respirado, de los mejores cantos ofrecidos por los pájaros, del sonido del agua corriendo por el monte. Esto son cosas que sólo se pueden oir en estos sitios y se recuerdan para siempre si cierras los ojos, respiras profundamente y piensas en esos sonidos, en esos colores, en los olores, etc. De esa manera se volvieron a reconciliar las princesas y los dragones.
Siempre se ha dicho que las princesas y los dragones no se llevaban bien, pero en este cuento y en la imaginación uno puede hacer lo que quiera, y en este caso todos terminaron tan contentos.
P.D.: gracias a las princesas por ser princesas y a los dragones por ser dragones.
P.D. 2: hay princesas que escupen fuego por la boca y dragones con muchas mejores intenciones que cualquier princesa. Con Dios amigos.
Gracias que al día siguiente, bajando de esa terrible montaña, pudieron disfrutar de los más bellos paisajes, del aire más puro jamás respirado, de los mejores cantos ofrecidos por los pájaros, del sonido del agua corriendo por el monte. Esto son cosas que sólo se pueden oir en estos sitios y se recuerdan para siempre si cierras los ojos, respiras profundamente y piensas en esos sonidos, en esos colores, en los olores, etc. De esa manera se volvieron a reconciliar las princesas y los dragones.
Siempre se ha dicho que las princesas y los dragones no se llevaban bien, pero en este cuento y en la imaginación uno puede hacer lo que quiera, y en este caso todos terminaron tan contentos.
P.D.: gracias a las princesas por ser princesas y a los dragones por ser dragones.
P.D. 2: hay princesas que escupen fuego por la boca y dragones con muchas mejores intenciones que cualquier princesa. Con Dios amigos.




